Una historia opacada

La escuadra del almirante Cervera entró en Santiago el 19 de mayo de 1898. Son tiempos de guerra con Estados Unidos. El domingo día 3 de julio al forzar la salida de la bahía de Santiago —abriendo la formación el Infanta María Teresa, seguido por el Vizcaya, el Cristóbal Colón y el Almirante Oquendo—, encontraron a unos ocho o nueve mil metros, y situados en semicírculo, los buques norteamericanos USS Indiana, USS New York, USS Iowa, USS Brooklyn, USS Gloucester y USS Vixen.

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El Oquendo, el más castigado de todos, fue atacado y cañoneado por los cruceros USS Oregón y USS Indiana, recibiendo todo tipo de impactos, que le causaron numerosas bajas, entre muertos y heridos, entre ellos, su comandante, el capitán de navío, Juan Bautista Lazaga. El Almirante Oquendo quedó varado en la playa de Nima-Nima, junto al Infanta Teresa, a unos 500 metros de él. Sobre la una de la tarde, sólo cuatro horas después del enfrentamiento, finalizaba el desigual combate con la Escuadra Española destruida y un saldo de 323 hombres muertos y 151 heridos.

El resto de los supervivientes fue hecho prisionero, y, entre ellos, Manuel Rodríguez Barrios, tercer condestable del Oquendo; siendo embarcado, junto al resto de prisioneros, en el S.S. Harvard. Desde Cuba fueron transportados a la isla Seavey’s, en el estado de New Hampshire, donde se encontraba un campo de concentración (y de exterminio, a juzgar por la cantidad de muertes allí ocurridas), llamado Camp Long. Sabemos que el 18 de julio murió Martínez Barrios, junto con otros cuatro españoles.

Aunque el gobierno español inició los trámites para la repatriación de los restos de los españoles muertos en cuanto se puso fin a la guerra con Estados Unidos, las negociaciones resultaron infructuosas hasta que el 12 de abril de 1916, cuando por fin embarcaron en el transporte Almirante Lobo, en el puerto de Nueva York, treinta y una cajas con los restos de los españoles fallecidos en Norfolk y Portsmouth; y entre ellos, Manuel Rodríguez Barrios.

El Almirante Lobo llegó a Cádiz el día 29 de abril, y día 3 de mayo de 1916, los treintaiún tripulantes son enterrados con honores en una amplia fosa común en la primera capilla del Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando, donde en la actualidad se encuentra el monumento dedicado a la clase de marinería y tropa. En la actualidad, el visitante puede todavía ver muy cerca de la costa, en la llamada hoy playa de Juan González, cómo sobresalen aún del agua, que oculta los restos del navío, dos de sus cañones.•

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El artículo se basa en la investigación de Juan Luis Vega. El lector puede descargar el informe completo como archivo adjunto.

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Este artículo se publicó en el blog de Fernando Martínez.
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